Orquestas salseras en Malaga


A mí las orquestas no me gustan porque hacen un montón de ruido. Lo peor son los platillos y las baterías.
Un día, Antonio –de la academia de salsa y bachata de Málaga (en El Cónsul)- se empeñó en dar una clase con música en vivo, para lo cual contrató a una orquesta para que viniera a tocar al local.
El primer problema fue que la orquesta, cuando desplegó todo su equipo, ocupó más de la mitad de la clase. Sólo los altavoces ya eran más grandes que yo.
Cuando le dieron al play, el volumen de la música era altísimo, de tal modo que hasta los cimientos del edificio se vieron afectados por las vibraciones.
Enseguida tuvimos en la puerta a un colectivo de gorriones enfadados que no podían piar con semejante escándalo.
Y para colmo, Paco, el cantante de la orquesta, tenía anginas y cantaba fatal.
Mira que te dije que no llevaras una orquesta a clase, macho, pero a mí nunca me haces caso.
A la gente le gusta la música en vivo, ya lo sé, pero eso está bien para tenerlo en un salsoteca grande, con unas buenas instalaciones.
Muchos piensan que es muy bonito bailar salsa o bachata al arrullo de una orquesta que te cante y toque en directo.
Y claro, tú siempre quieres agradar y te metes en esos líos que luego te dan tormento y dolor de cabeza.
Es como tu novia la de la bufanda. Han pasado 30 años y aún no has podido olvidarla. Cada noche, mientras miro tus ojos a la luz de las estrellas, me hablas de esa mujer y un relámpago de hielo atraviesa mi corazón cuando siento –porque me lo dicen tus labios en el lenguaje mudo de los mimos- que aún la amas.
Venga, hombre, pues ámame a mí, que estoy aquí y me tienes a mano.
Es que son ganas de hurgar y hurgar en el pasado y de quedarse varado en la playa como una ballena blanca que ha perdido el norte.
Vive el presente, amigo, y ama a la mujer que hoy miras, porque los fantasmas del pasado fantasmas son y han muerto.
Señor muerto, esta tarde llegamos. Aún no sabemos la hora, eso sí.

Autor: Vanesa.