Contactar con los bailadores


Contactar con tu profesor de salsa en tan fácil como enviarle un e-mail, llamarlo por teléfono (cosa que no le hace ni pizca ni gracia), mandarle un whatsapp, line, tango o telegram. Otra cosa es que te responda justo en el momento en que tú deseas obtener contestación. Tienes que entender que a veces las personas pudieran o pudiesen estar ocupadas en otros menesteres. Tampoco es mala idea enviarle una carta tradicional, un telegrama o un burofax con certificado de copia. Lo mismo hasta cuela un correo administrativo, si te diriges a él como si se tratara de algún tipo de administración pública local.

Aunque la verdad es que establecer contacto con el profesor es algo innecesario y una pérdida de tiempo y de  dinero. Todo lo tiene puesto muy clarito en su web y bien que te dice que no hace falta que llames, porque hay clases y hay plazas los días y horas indicados. Si tu problema es que no sabes leer o te falla la comprensión lectora, entonces ya mejor llámalo, porque para estar ahí con el reconcome, la angustia y el ansia viva, es preferible que le llames o le envíes un e-mail. Pero una cosa cortita y simple, no sea que le pilles en mal momento y le molestes. Tampoco hace falta estar media hora hablándole a un señor que no conoces de nada para apuntarte a unas clases de salsa. Te basta y te sobra con un lacónico: “hola, quiero ir a su clase de salsa hoy a las nueve, sépalo, ¿ok?”. Y andandillo, que es gerundio disminuyente.

Ayer precisamente terminé yo de leer el libro de Carl Sagan que se llama CONTACTO. Seguramente os suena porque habéis visto la película que se basa en él, protagonizada por la amiga Jodie Foster.

Va de unos extraterrestres pelín raritos que envían un mensaje a la Tierra, con un manual de instrucciones para que construyan una nave espacial que viaja por agujeros de gusano que hay en una enorme manzana sideral.

Al final resulta que los extraterrestres son los padres. Sí, como los reyes magos, internet y el amor.

Aquí por lo visto los padres lo son todo, como Dios.

Aunque en el fondo sé que eso es imposible, porque  Dios es mi amigo Antonio, que antes era Google (Dios) y que dejó de serlo el día que yo descubrí al Dios verdadero (Antonio, que es también hijo y espíritu santo y te da unos aceites estupendo cuando… cuando eso, si eso pero dispués).

 
Autor: Vanesa.