Agradecimientos de salsa en Malaga




Tenemos la mala malísima costumbre de no agradecer las cosas que la vida va poniendo a diario delante de nosotros.

Por eso yo quiero, desde este humilde rincón, dar las gracias a mis abuelos, a mi bebé, a mi profesor de salsa Antonio, y sobre todo gracias por estar siempre ahí.

Por el chaval del R-9, por El Cani Vizco, por el General Failure.

Gracias por los prismáticos que vienen incluidos entre el material didáctico de los cursos de la UNED y por su curso de detective privado, cuyo examen consiste en averiguar quién es el profesor.

Gracias por el baile, por las salsa, por el uno.

Gracias por los sujetos pasivos de las bolas, por las declaraciones de Blesa, cuando dijo que los viejecitos de las preferentes no eran los estafados sino los estafadores, porque ellos robaban los bolis de los bancos y desde entonces, tuvieron que ponerles cadenasā

Gracias por los calamares, que son nuestros amigos, aunque los pague yo; por el olor a azahar; por El Linterna que pregunta "hola, ¿cómo estoy?"; por los tatuajes para el chichi que son un contador de visitas; por el pipí sobre los pinos; por los policías científicos que buscaban cosas en los árboles en la madrugá;  por la letra de la canción SE LE VE, de Andy Montañez.

Gracias por la historia del platillo de monedas de la Iglesia donde tú creías que había que coger la pasta, pero te decepcionaste mucho cuando descubriste que qué va, que era para soltarla túā

Gracias por poner el calendario de una rubia de peluquería desnuda con el chocho negro en la Santa Columna.

Gracias por la novia del tercero que te escribía cartas al primero, en el mismo bloque, y a la que tuviste que devolverle las cartas (todas menos una). ¿Quién es el propietario de una carta, a ver?

Gracias por la libreta de las notas locas, que esta noche volveré a emborronar entre vapores de vino y esa luz velada de tus ojos.

Gracias, amigos.

Gracias, mundo.

Gracias.